De tanta noche sin luna,
me invento amaneceres con las luciérnagas.
Búsqueda sin madeja,
me hallo en el siempre de tu laberinto.
Divagar.
Proceder cotidiano en mi ciudad,
esta que tiene un solo habitante:
espejo matutino.
Y sí,
divagar es todo
lo que puedo hacer ahora.
Los momentos de fecundidad ya pasaron y,
a punto de carecer de razones válidas
para molestar al entusiasmo,
prefiero divagar.

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