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sábado, 15 de octubre de 2011

EXTRAVÍOS II


En estas y otras cosas pensaba mientras cruzaba aquel puente, de madrugada, con la neblina apenas atravesada por las luces artificiales. Me había procurado la razón oportuna para la caminata nocturna: lanzar mis últimas monedas al mar de Barranco como una especie de ritual para restablecer alguna forma de suerte o lo que sea, pensé. A tempranas horas, caminando por la playa, observé algo que me desconcertó a tal punto que adquirí formas pétreas. En posición fetal, sentado sobre el muro que separa, o pretende separar, la superficie del abismo, me coloqué los audífonos sin prestar mucha atención a las melodías. Era mi manera de desconectarme aún más del entorno. Por instantes, detenía los pensamientos para escuchar canciones, pero sólo las que de alguna manera me remitían a inciertas circunstancias. Así pasé el resto de la tarde y la noche. A veces uno olvida que tiene un cuerpo cuando plática con su sombra.



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